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  • Demián Bichir in A Better Life, 2011.


Una entrevista con Chris Weitz
Jesús Galleres
Cover Photo. A Better Life, 2011.

 

Chris Weitz, el director de American Pie, About a Boy y New Moon, nos habla de su trayectoria en Hollywood y de cómo se animó a hacer la película de corte independiente A Better Life. Me citó en sus oficinas de la calle Abbot Kinney, en Venice, California. Un edificio multicolor de techos altos e interiores mínimamente decorados, donde predominan los espacios vacíos. Nos sentamos en una mesa alargada de la segunda planta. Viste de sport: pantalones caquis y una camiseta blanca de pico. Lleva el pelo un poco desordenado. Tiene la voz apacible y parece disfrutar de las constantes vacilaciones que presenta su discurso. 

Párrafo Magazine: ¿Cuándo advirtió su vocación de director-guionista?

Chris Weitz: A diferencia de otros directores que advirtieron precozmente su vocación por dirigir, como una necesidad apremiante, y que inclusive hicieron sus primeras películas con una videocámara aún siendo niños, en mi caso, la idea de hacerme director surgió bastante tarde. Estudié literatura en Cambridge, una carrera que no te prepara para ninguna profesión en concreto. Poco después de terminar la carrera mi hermano Paul y yo empezamos a escribir guiones. Fue entonces que decidimos que si alguien iba a intentar convertir nuestras historias en películas, quién mejor que nosotros mismos.

PM: Su madre es la actriz estadounidense, Susan Kohner y su abuela la actriz mexicana Lupita Tovar. Su padre, John Weitz, inmigrante alemán, ex-agente del servicio de inteligencia norteamericano, estuvo destacado en Alemania entre 1944 y 1946. Al volver de la guerra triunfó como diseñador de ropa masculina y más adelante como novelista. ¿La exposición constante al cine por el lado materno, y la interacción con una figura tan peculiar y ecléctica como su padre, avivaron su deseo de contar historias a través del cine?

CW: La figura de mi padre tuvo siempre una cuota de misterio. Habló muy poco de esos años que estuvo en la guerra. Fue un hombre distante. Algunas de mis películas exploran la relación entre padre e hijo, hijos tratando de entender a sus padres. En relación a la parte de mi familia vinculada al cine, le confieso que cuando empecé a dirigir presté mucha atención a las formas usadas en filmes de la época de mi abuela y mi madre.
Muy aparte, provengo de una familia de inmigrantes, y esto me ha sensibilizado con  el concepto de lo marginal. La idea de formar parte de una sociedad donde uno no encaja del todo es un tema recurrente en mis películas.

PM: ¿Cómo trabaja usted? ¿Cómo ocurre el proceso creativo?

CW: Al principio, el proceso creativo funcionaba muy bien. Junto con mi hermano escribíamos comedias y resultaba muy fácil y divertido. Era algo así como ganarse la vida exitosamente a través del arte de contar chistes. Pero luego, al abordar temas más serios, la cosa se complicó.

El cine es un medio de expresión sumamente costoso, y por la naturaleza de su ejecución, el más difícil de lograr. Existe una constante tensión con los que nos dan el dinero para hacer una película. Se requiere un gran equipo de personas, gestionar las localizaciones del rodaje, coordinar una agenda estricta de trabajo, etc. Tiene mucho más que ver con un proceso industrial que con el proceso creativo y personal de escribir una novela. Debido al ambiente actual de Hollywood, se ha vuelto cada vez más difícil  hacer una película cuyo contenido realmente te apasione,  una película que pueda sobresalir por sus propios méritos. Ésta es la razón por la que no me he embarcado en ningún proyecto en los últimos dos años. Estoy a la espera de algo que merezca la pena.

PM: En 1999 su hermano Paul y usted debutaron como directores con la película American Pie. Resultó un éxito de taquilla inmediato. ¿Qué significó este repentino éxito?

CW: Uno tiene que aprovechar la primera oportunidad que se le ofrece para dirigir una película. En mi caso fue American Pie. Lo anecdótico es que este tipo de película no es de las que suelo ver, ni de las que me hubiera gustado dirigir. Es lamentable que se me identifique con un filme que trata de jóvenes desesperados por tener sexo. Pensaba que si había terminado la universidad con una especialización en poesía inglesa del siglo XVII, haría mi debut cinematográfico con una película más seria. Trato de consolarme pensando que Aristófanes y Rabelais cultivaron también la comedia.

Habiendo dicho esto, no puedo negar que durante el rodaje de American Pie lo pasamos muy bien. Gracias a su inesperado éxito, Hollywood nos dio su voto de confianza. Lo habíamos logrado. Podíamos aspirar a una carrera en dirección de cine. Aunque nos llegaron numerosas ofertas para dirigir, los estudios nos encasillaron dentro de la categoría de la comedia, y se  mostraron muy escépticos con respecto de asignarnos otros géneros. A pesar de ello, hemos intentado trabajar en otras clases de películas, y así escapar a la clasificación.

PM: En About a Boy (2002) y The Golden Compass (2007) usted adaptó al cine un par de novelas de Nick Hornby y Philip Pullman, respectivamente. ¿En qué consiste el reto de cambiar el formato de una novela a un guión cinematográfico? ¿Cuánto de creatividad e innovación hay en este proceso?

CW: La lectura y discernimiento de una novela es de aproximadamente treinta horas. El transformar una novela en un guión  demanda un diestro ejercicio de compresión, en el que se intenta contar más o menos lo mismo en tan sólo dos horas. En el proceso de comprimir la novela  uno está obligado a seleccionar los momentos e incidentes más relevantes del libro. Este desmembramiento implica, a veces, la elaboración de nuevas escenas en cuyas líneas operarán personajes que han sido creados por el novelista, para el universo de su ficción, y no por el adaptador. En esto estriba el reto más difícil de la adaptación.

Los guionistas tenemos muy poca habilidad para  replicar la voz narrativa que conduce a una novela, recurso tan esencial de la novela moderna. Nos limitamos a presentar una serie de imágenes y diálogos, con la esperanza de que lo que se está relatando represente la esencia del texto original. Con los autores de estas novelas llegamos a un buen acuerdo. Coincidimos en que no estábamos destruyendo su creación, que no importaba cuánto se hiciera para adaptar su obra al formato del guión, pues los textos originales estarían siempre aguardando a sus lectores en los anaqueles de las librerías y bibliotecas, para ser disfrutados en su total dimensión.

PM: New Moon (2008), película basada en el segundo libro de la saga de Crepúsculo, fue dirigida por usted. La historia de amor entre un vampiro y una mortal batió récords históricos de taquilla el día de su estreno. ¿Cuál es su interés en el género gótico?

CW: No tengo ningún interés en el género gótico. De hecho, no formo parte de los millones de lectores que adoran ese libro. Sin embargo, el dirigir esta película me permitió desplegar un estilo visual ornamentado por medio del cual conseguí entretener exitosamente a la audiencia.

  • Demián Bichir and José Julián in A Better Life, 2011.

PM: ¿Cómo nace la idea de hacer A Better Life (2009)?

CW: Un amigo me mostró un guión de un escritor norteamericano afincado en Argentina. Entonces el guión se llamaba The Gardener. Era una de las mejores historias que había leído en veinte años. Una suerte de homenaje a la película del neorrealismo italiano Ladrón de bicicletas.

Cuando decidí hacer la película me di cuenta de que sabía muy poco sobre el drama que viven los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos y nada acerca de las pandillas del este de Los Ángeles. Tuve que emprender un gran proyecto de investigación que cambió mi vida. Me involucré en política de inmigración, me interesé genuinamente en el resultado de los debates políticos alusivos a este tema.

PM: Cuéntenos de este proyecto de investigación y el impacto que tuvo en su vida

CW: Le pedí al Padre Gregory Boyle, encargado de Homeboy Industries, un centro de rehabilitación de pandilleros del este de Los Ángeles, que me acercara a los problemas de inmigración y delincuencia de la zona. Al interactuar con los miembros de este organismo advertí que su participación en el proyecto añadiría un contenido importante de realismo a la historia que quería contar. Nos ayudaron a escoger correctamente las variaciones lingüísticas que distinguen el hablar de una pandilla en relación a otra.

También nos educaron sobre el grafiti, mostrándonos que aunque parecen garabatos arbitrariamente pintados, contienen una substancial carga significativa, por ejemplo, el barrio en el que uno se halla y qué pandilla lo lidera.

Algo interesante sobre el proceso de reparto fue que al entrevistar a actores con experiencia en papeles de pandilleros en series policíacas y películas del mismo género, ninguno de ellos parecía encajar en el papel que buscábamos. De modo que empezamos a entrevistar a los miembros de Homeboy Industries, ex-convictos, ex-integrantes de pandillas y hasta miembros aún activos de éstas. Fue así como conseguimos a muchos de nuestros actores, entre ellos a Richard Cabral, que acababa de salir de prisión, y ahora unos años después se ha convertido en un gran apasionado del teatro, está preparando un show para mujeres y ya tiene en su haber otras cinco películas. Es realmente fascinante observar la flexibilidad del espíritu humano.

PM: ¿Fue fácil conseguir la financiación de A Better Life, considerando el riesgo económico que significaba apostar por una película que claramente no encajaba con los estándares de Hollywood?

CW: La película fue financiada por la misma compañía que produjo New Moon. En ese momento, los directivos se encontraban embriagados con las cifras que habían ganado con ésta, así que no les importó gastar algunos millones e invertirlos en mi nuevo proyecto. Creo que nadie más se hubiera arriesgado a darme el dinero. El problema lo tuvimos con el estudio. Nos costó trabajo convencerlos que podíamos prescindir de un actor conocido para el papel principal. Nos propusieron a Benicio del Toro y  Javier Bardem. Naturalmente el estudio necesitaba asegurarse de que el público norteamericano reconociera la película. Nosotros buscábamos a un gran actor, como Benicio o Javier, pero no queríamos que fuera una estrella de Hollywood, pues su mera presencia evocaría un sentimiento de bienestar y final feliz. Justamente lo opuesto a lo que yo quería transmitir. Finalmente, dimos con Demián Bichir, que no era conocido en Estados Unidos, era mexicano e inmensamente talentoso. De hecho, hizo un gran trabajo, tan es así que fue nominado para el Oscar en la categoría de mejor actor.
 
PM: La película no consiguió recuperar ni una quinta parte de la inversión con el recaudo de la taquilla. ¿Por qué cree que le fue tan mal?

CW: Fue muy decepcionante que una película que aborda una cuestión política tan trascendente, como es la migratoria, no haya tenido acogida. Al menos, es muy gratificante saber ahora que hicimos lo correcto al exhibir este problema. Pues, dos años después, Obama fue reelegido, en gran medida, por el voto hispano, y eso fue gracias a su propuesta de reforma migratoria. ¿Por qué le fue tan mal a mi película? Diría que los norteamericanos ven el cine como un entretenimiento, y prefieren exonerarse de una película que los aflija o los haga sentir culpables. Es cierto también que películas de este tipo ocasionalmente han tenido éxito, pero el panorama está dominado por filmes de alto presupuesto cuyo propósito principal es entretener. Además, la audiencia hispana en Estados Unidos, más de cincuenta millones, aspira a ser identificada con la mayoría de la sociedad norteamericana y se resiste a consumir películas que le recuerden a los pobres y desamparados. En resumen, estábamos en una situación en que le pedíamos al público veinte dólares a cambio de dos horas de tristeza. Se trataba de un producto muy difícil de vender.

  • Demián Bichir and José Julián in A Better Life, 2011.

PM: Después de A Better Life su compromiso con la defensa por los derechos de los indocumentados continúa. En el 2012, dirigió Is this Alabama?, una serie de cuatro documentales cortos en los que critica la ley antiinmigrante, Alabama HB 56. Relátenos por favor esta experiencia

CW: Después del estreno de A Better Life, recibí una avalancha de llamadas de activistas desde Washington.Tal vez fueron los únicos en todo el país que vieron la película. Uno de esos grupos, The Center for American Progress, me propuso hacer un documental sobre Alabama, el estado con la legislación más severa en asuntos migratorios. Ésta permitía a los policías detener a cualquier individuo si tenían sospechas razonables para pensar que podría ser un inmigrante ilegal. Evidentemente, el criterio que avalaba la sospecha era el color de la piel.

Acepté de inmediato. La mayoría del trabajo lo realizó José Antonio Vargas, periodista indocumentado de origen filipino. Tuvo el coraje de ir hasta Alabama para conducir sus entrevistas. Por mi parte, visité los centros de detención de indocumentados y pude comprobar el dolor que vive esa gente. Es imposible no comprometerse con la lucha contra esta injusticia. No hemos logrado modificar la ley con este documental, pero al menos intentamos concienciar a la gente acerca de este problema, y sospecho que estamos en el umbral de grandes cambios.

PM: Pasando a otro tema, ¿cuál considera usted su película mejor lograda?

CW: Mucha gente sostiene que About a Boy es mi película mejor lograda. Y lo es estilísticamente hablando. La realización fue bastante fácil. Todas las piezas encajaron perfectamente. Sin embargo, es  un poco triste que una película que hice hace más de diez años sea todavía considerada como mi mejor trabajo. En lo personal,  el proyecto más importante de mi carrera ha sido A Better Life, es la que más se ha acercado a lo que siempre he querido hacer como cineasta.

PM: ¿Cuán importante es el éxito económico de una película?

CW: Es muy importante. Hacer películas es muy costoso. Si quieres sobrevivir en esta industria por lo menos debes ser capaz de recuperar la inversión. Hay otros directores que pueden sobrevivir sin tener en cuenta el éxito económico de sus películas. Lo que hacen es abaratar el modo de producción, utilizando tecnología digital. Al hacer filmes menos costosos, el éxito económico pierde importancia. En este sentido, el grado de libertad de un director de cine consigue asemejarse al de un novelista o pintor. El problema con este procedimiento es que en el proceso de producción donde antes había gente bien capacitada, ahora hay computadores. El sacrificio de capital humano no me termina de convencer.

PM: ¿Algún cineasta de origen hispanoamericano al que admire?

CW: Carlos Saura y Gregory Nava.

PM: ¿Futuros proyectos?

CW: Hacer una película me resulta mentalmente agotador. Por tanto, se debe tratar de algo que me cautive. Por ahora no hay nada que merezca la pena.