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ULadino 20: YouTube …you too
Imaginario e Imagen del Djudezmo en el Siglo XXI

Carlos Yebra y Alejandro Acero Ayuda

¿Cuál es la imagen que evoca el apátrida? ¿Qué ensoñación anhela aquel que ha sido despojado de su lugar? Pensar en la diáspora sefardí es tratar de encontrar respuesta a estas preguntas formuladas para una comunidad que ha padecido quinientos años de dispersión y tránsito. Una comunidad cuyo único hilo de Ariadna, acaso su solo nexo común desde el exilio, posee su lengua: el djudezmo.

La representación visual de la comunidad sefardí está intensamente marcada por el estigma de la expulsión. La mirada esquiva de aquel que se sabe extraño, encuentra en su lengua compartida el refugio de pertenencia, aquí radica la importancia del djudezmo como sesgo de identidad.

Durante siglos la comunidad sefardí ha mantenido por ello su lengua viva gracias a un celoso cuidado, aunque no por ello impermeable a la influencia que las otras lenguas, también habladas por los sefardíes, ejercieron sobre ella, enriqueciéndola de términos tan dispares como los lugares a los que les llevó la diáspora

Con la llegada del final de siglo XX y la democratización de las telecomunicaciones, la comunidad fragmentada se lanza al encuentro del otro en ese no-lugar, espacio de nuevo tránsito, llamado Internet. Y el encuentro con la alteridad sefardí evoca el deseo olvidado del rapport ontológico, real, próximo pero sobretodo, visual. La necesidad de poseer una imagen que poder anhelar en la solitud de la diáspora presenta inevitable el nacimiento de Ladino 21, en 2017. Desde su exilio en la ciudad de New York, ataviado con una vestimenta de la época del imperio otomano, el último sefardí de su estirpe, Benni Aguado, interpreta un cuento aprendido de niño y repetido innumerables veces desde entonces. Voz queda y gesto amable, no aparta la mirada en momento alguno, como queriendo mostrar proximidad a ese Otro distante que también se busca. La intencionada mímesis de vestimentas performa un retrato hiperreal que aun en su soledad, parece legitimarle como representante de la comunidad sefardí. Logra hacer patente la credibilidad de su pertenencia. No basta con hablar en djudezmo, debe ser encarnado.

El intento de visualización de la lengua a través de su representación se nos muestra como una metáfora visual del estado en que pervive hoy día el djudezmo. Cada grabación es un esperanzado intento por preservar todo lo que él representa, todo lo que es. Más allá de la voluntad individual de vivir, es la voluntad de permanecer sabiéndose “último” de una comunidad de otros “últimos” que también se perdieron en la cadencia imperturbable de la Historia para pasar a ser eternos penúltimos. Y este ejercicio, qué duda cabe, ha creado escuela. La performance de Benni Aguado como fuente inspiradora del canal está jalonada por la emergencia de hablantes no nativos del djudezmo que preservan al mismo de la única forma posible: mutándolo, bastardizándolo acaso hacia un nuevo détour en la errancia de sus pasos globales.

La certeza que brinda Ladino 21 es precisamente la de ofrecer una personificación audiovisual del djudezmo llevada a cabo por uno de sus coetáneos y replicada con vida propia por varios actores (para)sefardíes, amplificando así la representatividad de una comunidad tradicionalmente desprovista de toda posibilidad de visualización. La imagen y su uso intencional aquí, hacen veraz un imaginario que durante siglos ha sido compartido, relatado, descrito, anhelado, y que por fin, es visto.

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