Parrafo magazine

Tríptico de la caverna

Abraham Sánchez Guevara

I

Hace poco vimos una tele vieja
Una caja con una ventanilla convexa gris
No la prendimos sino hasta muy tarde
Estuvimos platicando y sin hacer nada más que descansar
Ahora las teles son mejores
Un rectángulo alargado sin fondo
Una ventana a otra realidad
Por la que uno puede arrojarse
Casi literalmente
Como a una tumba en un muro
Los teléfonos también
Cambiaron mucho
Ya no hay teles ni teléfonos
Sólo rectángulos negros
Donde la gente hace todo
O eso parece
Casi no veo gente sin hacer nada
Disfrutando de lo que hay a su alrededor
Están frente a los rectángulos
No importa qué se diga
Mientras se esté ahí
El simio va de un lado a otro
Todavía no ha aprendido a observar y respirar

II

Narciso y Eco

Cuando Eco descubrió su perfil de Facebook no podía creer que existiera ser más bello. La foto era sencilla: típica selfie tomada en el baño. Lo portentoso era la perfección de esos rasgos de dios en plena pubertad.

Le envió una solicitud de amistad y esperó con ansiedad, como nunca había hecho, día tras día. ¿Tan importante era que ese tal Narciso la aceptara? Es verdad que era muy atractivo, ¿pero cómo sería su espíritu? Eco era hermosa, y lo sabía, aunque siempre había sido muy introvertida, pues no era capaz de articular una frase completa. Se emocionaba al pensar que Narciso la amaría y que podría encontrar alguien con quien comunicarse más allá de las palabras. Nunca el hechizo de la carne, y peor aún, a través de una pantalla, la había encantado de esa manera.

Pero como era de esperarse, no era la única presa de ese hechizo. Narciso tenía miles de amigos en su perfil. No era consciente de quiénes eran la mayoría de ellos. Se tomaba cerca de treinta selfies al día, de las cuales subía unas ocho. Cada vez se gustaba más a sí mismo, y la reacción que desencadenaba al recibir miles de likes por sus fotos. Cuando recibía menos de cien se deprimía.

Una vez aceptada, Eco le escribió, mas nunca recibió respuesta.

Narciso estaba cada vez más unido a su teléfono celular, y había triplicado sus selfies. A tal grado que había abandonado cualquier otra actividad, como estudiar, comer o hacer ejercicio, por no decir convivir con otros. Su belleza se fue apagando, quemándose por la luz blanca de la pantalla, que no era capaz de soltar.

Eco, decepcionada por no encontrar a ningún joven que la amara, se alejó del mundo. Se encerró en una oscura cueva.

III

Caverna

Grecia no tiene chiste
Dijo un conocido
Sólo hay ruinas descuidadas
¿No tiene chiste?, pensé
¿La gran cultura, la “cuna de Occidente”,
De la filosofía, etcétera etcétera?

Yo cuando voy a un lugar turístico
Veo a la gente grabando videos
Y mandando mensajes
Pegados a sus teléfonos
Como si no hubiera ya muchas fotos y videos, mejores
De esos lugares
Como si todo lo que está ahí pudiera capturarse en un aparato
Y no hubiera algo más
Que se pudiera ver, sentir, oler.

La gente quiere ver las cosas como las ha visto en las pantallas
Editadas, con esos ángulos y quizá con esos ruidos.
No sólo los lugares
También la gente.
La ilusión se volvió real
Y lo real, ilusión
Fantasmagoría.

Se han llevado el mundo
Incluidos nosotros
Y nos han encerrado en una caverna frente a pantallas.

¿Cómo es posible,
en el mito de la caverna de Platón,
que los hombres estén encadenados
viendo sus sombras en la pared
y no sean capaces de advertir las cadenas
y que su cuerpo no son las sombras,
sino lo que está bajo sus cabezas?
El mito fascina.
Pero es al mismo tiempo estúpido y absurdo
Como nosotros.
Parte de la idea de que por un lado está la mente
y por el otro el cuerpo.

Esta escisión es el origen
de doctores dirigiendo campos de concentración
o fisicoculturistas analfabetos.
O que la gente viva pegada a sus teléfonos móviles,
viendo cualquier cosa
en lugar del mundo que podrían ver tal cual.
Porque no es sólo el ver.
Ya no sienten el viento,
ya no huelen ni oyen.

Tampoco hay
Reality shows
Pues ya todo lo es
Una vulgar competencia
Para obtener premios
Y alimentar a la bestia.

Mientras,
La bestia asesina y desaparece
A todos aquellos que le estorban
Que no compran y no venden
O ya no lo hacen en sus términos

Y no importa,
Las pantallas siempre tienen algo
“Nuevo”
Qué decir.

¿Qué es 43?
¿Una marca de ropa?

Y si eso te enfurece
Y si te indignas
O peor aún:
Si luchas por otro mundo,
Resulta que eres un idiota
Y no sabes vivir
Lo que te ofrecen.

El entretenimiento, el divertimento,
Se volvió mutilación y cárcel
O simple evasión
Juntó el espectáculo tiránico del circo
Con el reformatorio de las almas hasta estrangularlas.

Sin embargo,
Creo que aquí hay algo que vive, que late, que siente.
Soy yo.
Y es más que yo.
Es la vida misma,
que existe desde mucho antes y seguirá existiendo,
siempre diferente y siempre igual.

Lo abrazo y siento su dulce calor y su frescura
como hacía muchísimos años no hacía.
Porque estaba atrapado, estaba fuera de mí mismo.
Veía lo que estaba afuera y lo seguía
como las palomas de San Juan siguen la luz,
pero no tenía claro qué pasaba luego con lo que entraba
y si acaso algo de mí salía.

Mi cuerpo, mi cara, se borró, se pixeló
El brillo era artificial.
Me vi de pronto lejos de los otros y de mí.
Algo había succionado mi esencia.
Era un extranjero que no conoce la lengua
y las costumbres del lugar al que ha llegado
y no es capaz de entender ni dar a entender,
y se va haciendo a un lado,
se tira en el suelo
y la nieve o la arena lo empiezan a cubrir.
Y nadie hace nada, si es que lo ven.

Pandora abrió la caja al descubrirlo.
¿Podría evitarse?
Lo que al principio fue un alud de males,
ahora fue el inicio de nuestro despertar.
No quiero más ser un juguete de los dioses,
un extraño de mí mismo y del mundo.

También es en las pantallas
Donde ocurre el prodigio
Donde la conocí
Donde podemos construir
En la distancia
Redes que no nos atrapen
Sino que nos fortalezcan.

La misma caverna tenía la esperanza.
Un monje guerrero hablando con amor y lucidez.
La revolución empezaba.
La independencia de los esclavos
La recuperación del ser humano
Capaz de volar y crear el paraíso.

Abraham Sánchez Guevara

Jorge Abraham Sanchez Guevara Estudió licenciatura y maestría en Letras en la UNAM. Ha sido profesor de Literatura en el IEMS, la ENAH y la UNAM. Ha publicado ensayos, cuentos y poemas en varias antologías y en dos libros propios (Sesión apocalíptica, 2010 y Grietas, 2013), además de la novela Boceto de mar ennegrecido (2015)