Parrafo magazine

Las dos caras de una moneda: regreso al principio

Mevelyn Romay Fernández

A través de Hable con ella, un filme del director español Pedro Almodóvar, podemos adentrarnos un poco en el misterio del ser. Con una perspectiva externa e interna de los personajes, el director nos muestra las dos caras de la moneda, las características femeninas y masculinas que habitan en el interior y exterior de todas las personas y su nexo indestructible. El ser humano se forma dentro de la mujer, a partir de la unión de hombre y mujer, y a pesar de que toma características de ambos, es en la mujer donde habita en sus primeros nueve meses de vida, donde se alimenta, donde crece y se desarrolla; donde comienza a existir. Esto establece un vínculo indestructible a con la madre, a con la mujer que existe dentro de todos los hombres.

Marco es un hombre emocional, que llora fácilmente y se identifica con el hombre del ballet Café Müller, el hombre que desesperadamente le aparta los obstáculos a la mujer. Sin embargo, Marco es incapaz de tocar a Lidia, no se identifica con ella ni tiene fe en su recuperación. No sabe escucharla en estado de coma como no supo escucharla en vida. Paradójicamente, es un hombre que posee una sensibilidad femenina pero que aún tiene rezagos masculinos que le impiden establecer una conexión con las mujeres. Sólo después de su amistad con Benigno, Marco aprende a conocer más sobre las mujeres, y sobre sí mismo, y logra romper las barreras sociales que impedían el flujo de esta comunicación, al punto que le dice a Benigno que no le molesta que le llamen su novio. Su conexión va más allá de una opinión o un cuerpo, es la habilidad de dos seres de entender sus emociones; como diría Caterina, "es algo más etéreo".

Lidia es una torera, algo muy poco común en España. Escogió esta profesión por amor a su padre. Quiso cumplir el sueño que él no logró cumplir. Debido a esta carrera, tiene que enfrentarse al escrutinio de la prensa y la discriminación por parte de la sociedad. Los toreros no quieren compartir el cartel con ella. En Lidia, Almodóvar nos presenta una "Marfisa". Es una mujer, que a pesar de luchar con seis toros y jugar con los sentimientos de Marco (quiere que olvide a Angélica pero ama a El Niño de Valencia), cosas que usualmente hacen los hombres, mantiene cualidades femeninas como su forma de vestir, la fobia a las culebras y el miedo a estar sola.

Benigno es un hombre solitario y sufrido, un hombre que se ha dedicado en cuerpo y alma al cuidado de su madre, que ha ofrecido mucho amor pero que ha recibido muy poco. Almodóvar nos muestra un hombre capaz de aprender enfermería, peluquería, maquillaje, estética y labores manuales por el amor que siente por su madre, para poder cuidarla. En la sociedad actual, todas estas labores están asociadas a la mujer y al hombre homosexual; pero Benigno no es homosexual. Ama a una mujer que es el arquetipo de la femineidadfeminidad: una bailarina. A pesar de esto, es estigmatizado como homosexual por sus compañeros de trabajo. Benigno no pierde la esperanza de que Alicia se despierte. Ha colocado todo en su habitación como ella lo tenía en su casa y le corta el cabello del mismo modo para que cuando se despierte no sienta la diferencia. Durante cuatro años la cuida como una muñeca de porcelana, se comunica con ella, a su manera, y no intenta ningún acto sexual con ella. La adora. Pero después de ver "El amante menguante", queda muy trastornado y entiende que su relación con Alicia no es completa. Guiado por una sed enfermiza de ser amado, decide adentrarse en el mundo de Alicia, regresar al comienzo, aunque sea una locura. No le importa que lo metan a la cárcel y lo tilden de psicópata, necesita encontrar su amor a toda costa; ese amor que nunca recibió de sus padres. El amor de Benigno le devuelve la vida a Alicia pero, sin su amor, él prefiere morir.

A diferencia de la mayoría de las películas de Almodóvar, en ésta vemos a los hombres luchar por el amor con la misma tenacidad que lo hacen las mujeres en Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). Ya no son Pepa y Lucía en busca de Iván, ahora son Benigno y Marco en busca de la mitad que les falta. Como decía Caterina, "de lo masculino, surge lo femenino; de lo terrenal, lo etéreo". La sociedad actual ha establecido parámetros y dogmas que han debilitado la conexión entre el hombre y la mujer, al punto de la incomprensión: un hombre y una mujer se hablan, pero no se entienden. Como resultado de esta incomunicación, somos seres incompletos, frustrados, reprimidos e infelices. Almodóvar nos quiere regresar a este principio, a nuestro origen, porque sólo así podremos penetrar y entender el "misterio de la mujer" y el nexo infinito e interdependiente que existe entre el hombre y la mujer. Es como único podremosla única posibilidad de ser individuos completos, capaces de amar hasta creer que un milagro pueda realmente suceder. En este filme, Pedro Almodóvar magistralmente combina elementos femeninos y masculinos en cada personaje, aspectos físicos y emocionales, para darnos un híbrido diferente a los estereotipos sociales. Con esto, cambia nuestra percepción de las personas fuera de "lo habitual" y nos ayuda a comprender la dualidad del ser humano, las dos caras de la moneda.