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Miss Reflexiones: ¿Lo bueno?, lo malo y lo feo –muy feo– del showbiz de la “belleza”

Por Ernesto Arciniega

Una vez al año las familias venezolanas se reúnen para ver en sus pantallas el showbiz más importante del país: el Miss Venezuela. Poseedor de siete títulos de Miss Universo y un récord Guinness, este concurso de belleza es considerado por algunos motivo de orgullo nacional, mientras que para otros es un modelo anacrónico y misógino. Pese a esta contradicción en la opinión pública, el Miss Venezuela ha tenido un éxito rotundo en rankings de audiencia durante las últimas décadas. No obstante, esta organización ha sido ensombrecida –desde marzo de 2018– por una tormenta de escándalos mediáticos que presagia el fin de los concursos de belleza.

Todo comienza con la polémica renuncia del que haya sido el presidente del Miss Venezuela por cuatro décadas, el cubano-venezolano y autodenominado “zar de la belleza” Osmel Sousa, quien declararía hace años que “la negritud venezolana es fea”. A tan solo días de la renuncia de Sousa, estallaron las innumerables voces de ex participantes del Miss Venezuela que dicen haber sido víctimas de circunstancias comprometedoras. Venezolanas como la actriz hollywoodense Patricia Velázquez (The Mummy, 1999), la presentadora de televisión y Miss Universo Venezuela 2013 Migbelis Castellanos, y la periodista ganadora del Emmy Angie Pérez, han alzado la voz sobre sus experiencias durante su participación en el Miss Venezuela. Si bien las versiones varían, estas y otras voces han arrojado luz a la posible existencia de una red obscura de apadrinamientos, situaciones comprometedoras e intereses económicos y políticos. A la par de esto se suma el recién publicado libro Las muñecas de la corona (2017) de la periodista venezolana Ibéyise Pacheco, el cual habla sobre actos de corrupción, tráfico de influencias y redes de prostitución en los concursos de belleza.

Actualmente, la poderosísima organización venezolana Cisneros Media, dueña también del canal Venevisión, ha decidido suspender el Miss Venezuela con el fin de hacer una “investigación exhaustiva” sobre los recientes escándalos y acusaciones. Así es, el concurso de belleza nacional más importante del mundo está al borde del abismo.

Para muchos –no sorprendería que para una mayoría– parece anacrónico que los concursos de belleza sigan existiendo. ¿Cómo es posible que una mujer sea exhibida en un escenario en traje de baño mientras es calificada en base a una puntuación del 1 al 10? Muchos argumentan que es una manera evidente de redituar del cuerpo de jóvenes con pocas oportunidades. Para muchos otros, especialmente los seguidores apasionados a los certámenes, estos concursos son parte de la identidad de sus países (Venezuela y Filipinas con el mayor número de fans y audiencia). Otros piensan que los concursos sirven como “trampolín” para que las participantes se catapulten a otras áreas como la conducción, el modelaje o los negocios. En algunos casos hemos sido testigos de ex participantes que han logrado triunfar en el mundo de la política o en Hollywood. Como ejemplo, la actual alcaldesa de Gibraltar Kaiane Aldorino (Miss Mundo 2009) y en el cine la protagonista de Wonder Woman Gal Gadot (Miss Universo Israel 2004).

Desde la venta del Miss Universo en 2016 de parte del actual Presidente de los Estados Unidos Donald Trump a la multimillonaria organización IMG | WME (quien irónicamente tiene un contrato por 150 millones de dólares con UCLA), esta ha decido dar un giro –por lo menos aparente– en crear un certamen enfocado en la historia de vida de las participantes. Para esto, los nuevos propietarios del Miss Universo se valen del motto de la organización: “Confidently beautiful”. Con lo cual han hecho énfasis en buscar participantes “con confianza en si mismas” o sea, que no solo sean bellas físicamente sino que posean carreras profesionales y un mensaje de superación y motivación. Para la organización Miss Universo y sus nuevos lideres la belleza física ya no lo es todo; sin embargo, pareciera que esto es más una estrategia de mercado que un quiebre real con la tradición de elegir a “la más bella del universo”. Es la propia María Celeste Arrarás, ex juez de Miss Universo 2005 y actual conductora de Al rojo vivo en Telemundo, quien ha afirmado en entrevista que la belleza del rostro era lo más importante en la era de Trump.

En contra punto a esto, durante el Live del más reciente Miss Universo celebrado en diciembre de 2017 en Las Vegas, Nevada, escuchamos a la conductora Lu Sierra gritar: “Look at the face, look at the face,! That’s what I mean about giving face!” (¡Mira su rostro, mira su rostro! ¡Eso es a lo que me refiero sobre dar rostro!) a lo que su co-conductor responde con un entusiasta “Yes!” (¡Sí!), ambos refiriéndose a Laura González, Miss Colombia, quien eventualmente terminaría como primera finalista del Miss Universo 2017. Es evidente que el cambio de paradigmas de la era Trump a la era IMG | WME es mínimo, por lo menos en la insistencia de un rostro modélico. De la misma forma, resulta interesante pensar que a partir de la venta Trump–IMG | WME, la organización Miss Universo ha invitado al público a votar – por medio de sus smartphones y en tiempo real– por las semifinalistas y finalistas que compiten en la gala final televisada por la cadena FOX. Como escucharon, ahora el público también es juez del Miss Universo.

¿Ha habido realmente un cambio honesto en los concursos de belleza durante los últimos tres años? ¿O es todo una orquesta para mantenerse en el mercado y adaptarse a lo que ellos piensan forma parte de la contemporaneidad? Si fuera lo segundo, lo mas lógico para muchos sería entonces eliminar los concursos de belleza de una vez por todas.

Empero vayamos al meollo del asunto: los denominados concursos o certámenes de belleza como negocio. Negocio redituable para ciertos países como Estados Unidos, Venezuela, Colombia y Filipinas. Todos con un inconmensurable número de coronas, títulos y clasificaciones reflejadas en el gran mercado nacional de reinas y concursos.

Lo preocupante es que aun con las polémicas anteriores en torno a los concursos de belleza (por ejemplo las participantes relacionadas al narcotráfico en México) no ha sido hasta la exhibición del escandalo Miss Venezuela que se ha cuestionado de manera mucho más seria a los concursos de belleza. ¿Es hora de eliminar los showbiz más polémicos del universo? Se los dejo de tarea.